Sobre los carpinchos
El carpincho es el roedor más grande del mundo: pasa el metro de largo y los 60 kilos. También es el más tranquilo que se conoce, hasta que percibe peligro. Ahí empieza la parte que se volvió juego.
Ladra de verdad
El sonido de alarma del carpincho es un ladrido corto y seco, parecido al de un perro chico. No es para el depredador: es para el grupo. Quien lo oye deja lo que está haciendo y mira hacia el mismo lado, y el aviso pasa de uno a otro hasta que todo el grupo está de pie. Por eso el centro de este juego es el ladrido y no la corrida.
Primero se congela
Antes de correr, el carpincho se detiene. Se queda inmóvil con la cabeza en alto, tratando de descubrir qué fue eso, y quieto en el pasto alto, con pelo marrón y casi sin contraste, desaparece. El apuro es lo que lo delata. En el juego eso es una tecla: congelarse baja mucho la posibilidad de ser visto, aunque nunca a cero, y el albino no tiene ese descuento.
El agua es su casa
El carpincho es semiacuático: tiene los dedos parcialmente unidos, nada muy bien y desaparece bajo el agua cuando hace falta. Ojos, orejas y fosas nasales están alineados en lo alto de la cabeza, así que ve, oye y respira con el cuerpo entero sumergido: el mismo diseño del yacaré, por el mismo motivo. Quieto en el fondo aguanta varios minutos, y así se libra de casi todo lo que lo persigue en tierra.
Mucho más que el ladrido
El repertorio es amplio: silbidos finos, gruñidos de contacto entre madre y cría, un ronroneo de animal a gusto, castañeteo de dientes cuando algo lo molesta, el chillido de una cría perdida. Hay recuentos que pasan de diez sonidos distintos. El más gracioso es el llamado agudo, casi de pájaro, que usa para llamar la atención: de lejos, nadie cree que salió de un animal de 60 kilos.
El carpincho albino
Existe, es rarísimo y la historia es siempre la misma: aparece en un grupo, todos lo notan y sale en las noticias. El albinismo le quita el camuflaje, que es justamente la defensa principal de la especie. Por eso es el modo difícil del juego, y por eso vale el doble de puntos.
Por qué hay tantos carpinchos en la ciudad
Una ciudad sudamericana suele tener río, césped cortado y ningún yaguareté: para un carpincho, es comida sin límite y sin depredador. Entonces se queda. Cruza avenidas, come en las plazas, entra en barrios cerrados y, cada tanto, entra en un supermercado. De lugares así, todos reales, salen los niveles de este juego.
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